Después de la Nike Human Race, me quité un peso de encima. En aquel momento me di cuenta de que ya había cumplido mi objetivo de volver a ser una persona "normal", y durante un par de meses, dejé de correr. A lo mejor salía un día de forma esporádica, por aburrimiento mayormente, pero el hecho de practicar running lo dejé de lado.
Sin embargo, sin tiempo de guardar las zapatillas, mis amigos me hablaron de la San Silvestre, esa prueba de locos que no tienen nada mejor que hacer un 31 de diciembre que salir a correr. Era algo que siempre vi como extraño, que no haría jamás, etc. El caso es que me animaron a apuntarme, me aseguraron que llegaríamos a tiempo a casa para la cena y no tuve escapatoria, por suerte.
Con la tranquilidad de saber que podía correr, preparé a conciencia esta carrera. Salía a entrenar 3 o 4 veces por semana, iba a buen ritmo... Pero al llegar la carrera, me vine arriba, empecé demasiado fuerte y al final me hundí. Mirando el lado positivo, lo importante es que corrí otra carrera popular y, sobretodo, me entró el gusanillo de correr con mas frecuencia, pues desde que crucé la meta, mi objetivo era vengarme de esa discretísima actuación y hacer algo mas digno el año siguiente.
Durante el año pasado correr fue una práctica habitual, pero no obligatoria. Poco a poco me ponía en forma, la preparación de la San Silvestre de la venganza iba de forma correcta, con algún parón de un mes o así por calor, cansancio o similar. A veces tenía pequeñas sensaciones en la pierna y paraba 15 días. El caso es que hasta septiembre o por ahí no corrí con mas frecuencia, ya que me apunté a una carrera popular en Arganda a mediados de Octubre. El tiempo fue bastante bueno para mi, teniendo en cuenta que era una carrera de 10 km durísima. Bajé 7 minutos el tiempo de la San Silvestre.
A partir de ese momento, comenzó la preparación en serio. Saliendo 4 días a correr, sin importar el tiempo que hacía (inolvidables los días de nieve) y perdiendo peso poco a poco, sintiéndome mejor cada día que pasaba.
La San Silvestre en sí fue un escándalo. Los nervios y la emoción de la salida nunca los olvidaré, el no poder quedarme quieto la última media hora previa, así como la lluvia, el granizo y la sensación de encontrarme mejor que nunca. Me impresionó la gente animando, el año anterior ni los veía, y tuve fuerzas de esprintar el último kilómetro y hacerlo en 3:45. El tiempo que hice fue espectacular, menos de 50 minutos, y desde ese preciso momento, decidí no dejar de correr.
Después de la carrera, mi objetivo era, simplemente, disputar carreras populares. Prepararme poco a poco, hacer mejores tiempos, ir más rápido en definitiva. Una mala racha en lo personal me hizo empezar a salir a correr casi a diario, llegando a mis límites o lo que yo creía que lo eran. Durante uno de esos fríos días de invierno, me di cuenta de que ser mas veloz no me iba a dar demasiados beneficios personales. Ganar a los amigos no era suficiente, tenía que vencerme a mí mismo.
Quería prepararme para una madia maratón, y dependiendo de las fuerzas y las sensaciones, pensar en mayores objetivos. Una lesión de rodilla me hizo parar un par de meses. Tuve que plantearme mis objetivos de nuevo, si correr era suficiente o quería mas. Por suerte, al ver que había perdido unos 6 kilos en unos meses, me hizo volver a plantearme correr más distancia.
Paseando por una librería, cayó en mis manos un libro titulado "4 meses para correr una marathon en menos de 4 horas". Esa misma tarde lo lei. Comprobé el plan de trabajo y aunque había días difíciles, era asumible. Cuando leí que Oprah lo había conseguido, me decidí a correr una marathon. Si puede esa...
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