miércoles, 4 de agosto de 2010

Resumen (1)

Varón. 37 años menos una semana. Constitución atlética media. Desde pequeño haciendo mucho deporte y dentro de la mediocridad, con cierto nivel. Fui el primer benjamín de mi colegio en jugar en el equipo de fútbol-sala alevín, entre los primeros en el cross del colegio (que venía a ser el de todo el municipio), capitán del equipo de baloncesto... Y así unos cuantos "galardones" de esta índole que no han hecho más que hacerme mirar al pasado.

Hasta los 23 años, hacer deporte era algo prioritario en mi vida, pues jugaba en varios equipos de fútbol y fútbol-sala, y me apuntaba a diversas competiciones. Lo importante con esa edad era quemar lo consumido durante los salvajes fines de semana. Entonces me eché novia y dejé de hacer todo eso que hacía. Mi vida se volvió mas sedentaria y aunque aún estaba apuntado a algún equipillo, nunca lo hacía para perder los 10 kilos que había cogido, sólo por echar el rato.

En uno de estos partidillos, en una jugada fortuita, me rompí la pierna. Lo que iba a ser alrededor de 4-5 meses de baja, se convirtió en unos 4-5 años para olvidar. Me la volví a romper la tibia por el mismo sitio 3 veces más, me tuvieron que operar 4 veces en total. Injertos, tornillos, clavos... Para alguien que se consideraba deportista, un aunténtico calvario.

3 años después de la primera operación y tras la última, desistí de volver a hacer deporte. Ni las más de 100 sesiones de rehabilitación me daban la esperanza de poder volver a jugar un partido. Sinceramente, después de tanto tiempo cojeando y sufriendo, mi meta era simplemente caminar, poder volver a andar sin dolor, sin miedo, sin sensación de que me iba a volver a romper. Así que empecé a hacer algo de bici estática, me daba cortos paseos no sin sufrimiento y básicamente, descansaba.

Y así estuve, básicamente, casi año y medio. El tiempo fue curándome sin que yo lo notara. Poco a poco el dolor y la cojera fueron desapareciendo. Durante ese periodo, algunos días, me envalentonaba y también corría 5 minutos sobre la cinta. Otro día hacía diez, otro caminaba rápido 15... pero nada mas.

Aunque no corriera, la sensación de poder caminar sin sentir el callo de la tibia a cada paso hizo pensar que algún día podría volver a correr, así que me apunté a la Nike Human Race, que se correría a finales de Agosto. Tenía como premisa acabarla, aunque fuera el último. Constaba de 10 km que para mí sería mas de una hora y yo no podía correr mas de 30 minutos, eso el día que estaba inspirado y sabiendo que los siguientes 2 días no podría volver a hacerlo, me resentía sí o sí. De todos modos, me entrené para terminarla y sabiendo que tenía un par de meses para prepararla.

En verano era duro correr por razones obvias, y aunque la zona elegida era una zona con muchos árboles, las cuestas eran durísimas y mi preparación muy escasa. Recuerdo aquellos días con cariño, cada vez que llegaba a casa lo hacía cansado pero contento, no sabría describir la sensación de mirarme la pierna y no ver nada especial, ni sentir el dolor agudo de cada movimiento, ni tener que pensar en la pierna antes de pensar en mi con cada cosa que pretendía hacer, por sencilla que pareciera.

A pesar de todo, aquella tarde de verano, y junto con otros 20.000 participantes por una buena causa, logré hacer eso que hacía no tanto veía como algo imposible. A partir de ese momento, estaba convencido de que podía volver a hacer una vida normal, sobretodo en lo deportivo.

1 comentario:

  1. Me ha gustado mucho esta historia. Me alegra que escribas y que corrieras esa maratón. Mua

    ResponderEliminar